El subcuartel del gluminati costarricense.

martes, 3 de junio de 2008

Religión y tolerancia

Una de las más grandes contradicciones de la sociedad moderna es el deseo de lograr una comunión de diferentes religiones bajo un código moral común que facilite la paz y el desarrollo social.

Si bien en principio no hay obstáculo alguno para lograr la unidad e identificación común entre diferentes etnias y culturas, la reconcilicación entre religiones es simplemente imposible - conseguir la tolerancia entre estas requiere el abandono de los más fundamentales principios religiosos. A diferencia de etnias, culturas, orientaciones sexuales y equipos de fútbol, la religión occidental tiene una posición que explícitamente demanda la aceptación de esta como la verdad. El liguista entiende que no hay razón justificable por la cual es absolutamente necesario preferir a su equipo sobre Saprissa. De la misma manera, no hay obstáculo para que el blanco comprenda que su etnia no es de ninguna manera superior o mejor que cualquier otra. Así, es posible ser liguista, blanco, heterosexual y tico comprendiendo que cada una de estas cualidades son enteramente arbitrarias y pertenecer a cualquiera de estos grupos no requiere creeer que ser parte de estos es mejor que ser parte de cualquier otro grupo. En principio, pues, es posible que personas de todos estos grupos puedan vivir en paz y harmonía bajo los mismos estándares y códigos sociales.

El problema con las religiones es que estas tienen una posición específica con respecto a la verdad. Este problema no es único de la religión , cualquier sistema que plantee una verdad es lógicamente irreconciliable con cualquier otro que plantee una verdad opuesta.

La diferencia que tiene la religión con otros sistemas que plantean una verdad es que a diferencia de teorías científicas, cuya verdad o falsedad dependen de evidencia (la cual es accessible sin ambigüedad a cualquier persona), los planteamientos religiosos requieren únicamente de fe para ser considerados ciertos - en el sentido absoluto. Entonces, como es posible tener fe en cualquier religión, diferentes creyentes se encuentran en una posición donde mantienen la ilusión de contrarias, absolutas e irrevocables verdades. No sólo es la reconciliación imposible, sino la tolerancia también.

Tomemos como ejemplo nuestra muy querida religión oficial: el cristianismo. Está explícito en el evangelio que el único camino a la vida eterna es mediante Jesucristo y la aceptación de este como el salvador de la humanidad mediante su sacrificio y ascención en cuerpo al cielo. Fe en la resurrección copórea de Jesús es un ingrediente fundamental en la religión y negar este hecho condena al hombre a distancia eterna de Dios (bajo algunas interpretaciones sufrimiento eterno con fuego, demonios y el circo entero). Así, pedirle al cristiano la aceptación de otras religiones requiere:
  1. Que renuncie a su fe mediante la realización de que lo profesado por el cristianismo no es la única verdad (en contradicción bíblica) y en este caso es aceptable pertenecer a otra religión.
  2. Que el cristiano, en nombre de la tolerancia, renuncie a la evangelización y acepte el destino infernal de todo aquel que no sea cristiano, siendo indiferente a la maldición de media humanidad.
La primera opción lleva claramente al rechazo de los principios fundamentales del cristianismo y cualquier persona que opte por esta no tiene derecho de autodenominarse cristiano; puede mantener navidad, bautismo y matrimonio como una bonita tradición pero de igual manera se viene al infierno con el resto de nosotros.

No sé siquiera si la segunda opción puede llamarse tolerancia. Creer que uno está en lo cierto y saber que los otros se van a ir al infierno genera inmediatamente una división entre los elegidos y los condenados que limita la interacción entre los dos grupos. Además, este tipo de indiferencia en la que al cristiano no le preocupa el infernal futuro del prójimo viola los más básicos códigos morales y es una actitud que no es deseable en la sociedad. Finalmente, el cristiano que opta por lo segundo también estaría violando el mandato divino de transmitir el evangelio y de esta manera estaría desobedeciendo a Dios.

En pocas palabras, pedirle al cristiano que sea tolerante es pedirle que abandone su religión. El caso no es muy diferente con cualquiera de las otras dos grandes religiones monoteístas, y en general cualquier sistema que profese una verdad que puede ser obtenida por medio de la fe es fundamentalmente intolerante.

Este es simplemente otro problema más (en este caso pragmático-social) que tiene la fe. Por supuesto, está el mayor problema que, a diferencia de la justificación, las creencias a las que la fe nos lleva son, por lo general, incorrectas. Pero dejemos eso para otra entrada.

2 comentarios:

David Krumm dijo...

Estoy enteramente de acuerdo en que las religiones son mutuamente excluyentes en muchos sentidos y que la mayoría se cree superior a las demás. La fe, considerada como creencia sin evidencia, es sin duda una herramienta de control sumamente potente, y hay que reconocer los peligros de eso. Por supuesto para una persona científica, cuya filosofía de vida se basa en el cuestionamiento, es imposible este tipo de creencia. Me parece acertado decir que las religiones no se pueden tolerar.

Pero no estoy tan seguro de que no haya obstáculos para reconciliar todas las culturas. Es cierto que todas o la gran mayoría de las culturas tienen valores comunes en los que podemos estar de acuerdo. Pero creo que al igual que con la religión, hay diferencias culturales irreconciliables. De la misma forma que dos personas de dos religiones distintas pueden superficialmente llevarse bien pero tener grandes diferencias a la hora de entrar más profundamente en sus creencias, dos culturas muy distintas pueden respetarse pero tener opiniones contrarias muy fuertes cuando se entra en detalles de idioma, arte, cocina, música, etc. Estos choques culturales ocurren constantemente en el mundo, y en ocasiones han llevado a actos terribles.

El problema no está completamente en la religión o en la cultura, sino en una mentalidad humana de despreciar todo lo que no es lo suyo y no le gusta. Esto se da hasta en el mundo académico, que debería estar ya libre de esta forma de pensar, donde los miembros de una profesión desprecian los intereses de otros.

Creo que el primer paso a una posible reconciliación de cualquier tipo es borrar esa actitud.

Alvaro Chavarria dijo...

"[El problema está en la] mentalidad humana de despreciar todo lo que no es lo suyo y no le gusta."

Este es otro gran problema que es fuente de intolerancia pero lo considero independiente al problema religioso que mencioné en la entrada.
Por cierto, no sé si esta actitud es "humana" o principalmente "occidental" (Bullon?), pero en todo caso es destructiva.

De todas maneras, creo que este problema puede ser resuelto sin tener que abandonar idiomas, arte, cocina o música y por eso considero estas características culturales reconciliables "en principio". La creencia de que lo tradicional o lo propio es lo mejor tiene que ser abandonada, por supuesto.