Ante la rápida alza de los precios de los combustibles, sería bueno que se utilice más el transporte público. Pero como ya mencionó Álvaro, sí los cambios necesarios no son cómodos, no las adoptamos con facilidad. El ser humano tiende a ser muy cortoplacista. Acciones de beneficio retardado son rechazadas porque no traen consigo una ventaja inmediata. Yo, por ejemplo, voy a seguir viajando en carro mientras hacer el mismo recorrido en bus implique invertir una cantidad considerablemente mayor de tiempo para llegar a mi destino.
Recientemente se anunció la apertura de varias rutas de bus "interlínea" en San José. Con éstas se podría viajar entre los suburbios josefinos sin tener que pasar por el centro de la ciudad. Según La Nación el país se ahorraría unos ¢5,000 millones al año, esto como resultado de la menor congestión y reducción del consumo de combustible. Tanto el ambiente como las alcancías estatales y personales agradecerían la puesta en marcha de estas rutas. Sería un paso hacia hacer el transporte público de nuestra capital más eficiente, y por ende más atractivo a muchos usuarios potenciales que de momento prefieren movilizarse en carro.
A menos de un día de que empezaran a circular los buses, el Tribunal Administrativo de Transportes suspendió la operación de las rutas ante un recurso de apelación de la empresa Barrantes y Araya, que pretendía concursar por administrar las interlínea. Existe la posibilidad de que el proceso de concesión no se haya llevado a cabo de forma transparente, pero a mi me parece la 'empresa perdedora' simplemente está utilizando un recurso legal para impedir que se implementen nuevas rutas que los van a perjudicar económicamente, ya sea porque perdieron el concurso o porque manejan otras rutas que competirían con las interlínea.
La consecuencia de esto es que de momento el transporte público sigue tan ineficiente como siempre. De no activarse las rutas pronto el Estado, en vez de ahorrar, podría tener indemnizar a la empresa que ganó el concurso por hasta ¢4,500 millones. Los buses nuevos están parqueados, los choferes contratados recibiendo salario sin manejar, las paradas de bus esparcidas por San José como un monumento a la inoperancia.
Sí cada empresa que sienta que un cambio los va a perjudicar puede detenerlo, sin importar el gran beneficio que dicho cambio le podría traer a la población josefina, la agilización del transporte público avanzará a paso tortuga. Es lamentable que las empresas de buses que manejan y lucran del sistema ineficiente tengan el poder de frenar intentos de montar un sistema más ágil en San José.
En fin, el Tribunal Administrativo de Transportes (o cualquier ente de ese tipo) debería valorar más el beneficio ciudadano al recibir apelaciones de empresas particulares. De lo contrario el transporte público va a seguir siendo ineficiente y poco atractivo, siendo utilizado casi sólo por aquellas personas que no tienen otra opción más que montarse a un bus para moverse de un lado a otro.
El subcuartel del gluminati costarricense.
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