Hace poco leí el famoso libro de Jane Austen “Orgullo y Prejuicio”, sobre el que se hizo una película recientemente. Es natural que haya sido difícil(por no decir totalmente sin sentido e inútil)comprender asuntos de dotes, la urgencia sofocante de las señoritas de tener que casarse, el ocio en el que viven sumidos los personajes, etc.
Pero lo que más me pareció sorprendente fue la insistencia de Austen de presentar al personaje principal, Elizabeth (quien se dice fue su heroína preferida) como una mujer sobresaliente, moderna, inteligente, algo así como el prototipo a seguir de la “feminista” de esa época. Lo único que la distingue de sus dos hermanas menores tontas es que no está absolutamente desesperada por casarse, aunque claro, al final se compromete con el galán más rico, guapo e importante como una especie de premio (que anula toda la moraleja como se anuló la moraleja de Betty la fea cuando se hizo bonita) por ser tan lista y bueno, tan súper para la autora.
Por lo demás, ella, al igual que sus hermanas brutas, lee un poquito, pasea tanto que desarrolla los músculos de las piernas del Hulk, habla con sus hermanas y sus amigas y se escribe cartas con su familia. Eso es todo.
Nunca hizo nada más que eso, y es la gran heroína de la historia.
Ahora, quería seguir quejándome de lo horrible que era la época pero, en realidad, no puedo. Es peor la realidad en la que estoy sumida.
Estuve en un grupo de diseño en el que éramos tres hombres, tres mujeres. Las otras dos se pelearon (no sin motivo, pero sí con más drama de lo necesario), lloraron, se enojaron, prometieron seguir en el grupo profesionalmente y luego se separaron con insultos y con cejas fruncidas. Ahora soy la única mujer y no encontramos otra que nos sirva.
Estoy en un grupo de dibujo, en el que, claro, soy la única mujer, porque una tuvo un hijo, otra tuvo un novio, otra desapareció como tragada por la niebla y probablemente habían más, pero totalmente innotables.
Fui a un concurso de oratoria en el que, como ya lo habrá supuesto el lector (generalizo a masculino porque estoy segura de que son muy pocas las lectoras), éramos dos mujeres en la categoría de intermedios y expertos, y ella no iba a llegar muy lejos.
Estoy sola, y no sé qué hacer. Sé que hay más mujeres allá (mis amigos me imploran por conseguirlas) pero deben estar cocinando, bordando y cuidando bebés porque no parecen salir de sus hogares. Las que de hecho salen no deberían, son tontas, sentimentales, dramáticas y, perdonarán mi machismo, demasiado femeninas como para llegar a ser alguien importante.
Yo sé que muchas hembras sacan cienes en sus exámenes y , por ejemplo, comprenden más de la mitad de los estudiantes de medicina de la UCR, pero no hacen nada con sus notas y sus caritas lindas, nunca tendrán puestos emprendedores y no serán más que una patética asistente que sigue órdenes perfectamente y se retiene la creatividad y el valor de emprender como yo me retengo las ganas de gritarles. Ser buena gente no basta.
Me declaro, por lo tanto, machista (en Costa Rica) hasta que se pruebe que estoy equivocada, tal vez como una especie de reto, como el que presentó Michael Moore cuando se quejó de su país y fue calificado de cendepatrias. De ahora en adelante para mí todas las hembras sólo servirán como amas de casa y secretarias(lo digo en serio), y las mujeres (que calculo son unas cinco, de las cuales dos son amigas mías y no soltaré por nada del mundo) seguiremos siendo bichos raros en este país.
El subcuartel del gluminati costarricense.
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2 comentarios:
Es todo muy cierto que escribiste desde mi punta de vista. El único problema es que es todo muy natural y no va a cambiarse mientras las mujeres quieren tener bebes y necesitan cuidarlos cierto tiempo.
Pienso de eso ya hace mucho, pero sólo llegé a la conclusión que y yo a veces tengo que hacer decisiones desde punta de vista de una "mujer de la cocina".
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