El subcuartel del gluminati costarricense.

domingo, 31 de agosto de 2008

Un debate dañino

En meses recientes, la sección de opinión del periódico La Nación se ha convertido en foro sobre un debate sin importancia. De hecho, que esta discusión es tan irrelevante que no debería tener lugar en un periódico de difusión nacional, en una sección cuyo propósito debería ser el de llevar al lector los debates de importancia social y política que se desarrollan en el país. Haberle dado lugar a tal discusión pone en duda el buen juicio del editor de opinión del diario, el señor Julio Rodríguez.

El debate al que me refiero es el viejo, sobre discutido y académicamente muerto debate entre la evolución y el creacionismo. Esta discusión en La Nación empezó con la publicación el 1 de julio de 2008 del artículo La peligrosa idea de Darwin por parte de Christian Hess. Esta columna es en conmemoración al aniversario de la teoría de la evolución, en la cuál el autor llama a las instituciones educativas nacionales a celebrar tal acontecimiento de gran importancia histórica. El gran error del editor no fue la publicación de este artículo sino el de la respuesta a este por parte del abogado Fernando Zamora titulada Los dogmáticos de la evolución.

Fernando Zamora no tiene una formación científica y peor aún, no tiene la más mínima idea de cómo funciona la ciencia. Empieza su artículo con el débil y malicioso argumento de que la evolución "es simplemente una teoría, una mera hipótesis y no una ley." Luego da "evidencia", sin citar un sólo nombre, de cómo la evolución ha sido comprobada incorrecta por medio de la bioquímica, nos presenta el argumento de la "complejidad" y supone que si Darwin estuviera vivo habría abandonado su propia teoría (¡se necesita coraje para formular tal falacia de autoridad!). Finalmente, Zamora liquida toda duda de que sus intenciones no son científicas concluyendo "la naturaleza refleja un diseño, el cual susurra la misteriosa e inescrutable intervención de un Ser creador."

Después de la publicación de este artículo se publican al menos quince más debatiendo el tema. La mayoría de ellos por parte de biólogos y académicos desmembrando y comprobando incorrectas las proposiciones de Fernando Zamora. Otros, en cambio, llegan a atacar a la evolución a tal punto de que la culpan por el racismo y la eugenesia. El debate es confuso y desordenado ya que abarca temas de ciencia, religión, ética y educación, con el lado del diseño inteligente sin comprender qué es teoría, ciencia, evidencia o verdad, argumentando desesperada y falazmente con tal de persuadir sobre la necesidad de un creador.

El artículo de Fernando Zamora es argumentativamente débil y deshonesto, intentando aprovechar "evidencia científica" para ganar adherentes a una filosofía que no lo es. Así que bajo su propio mérito no debería ser publicado. Aún así, sin respeto a los estándares de calidad que algunos lectores esperamos, Julio Rodríguez se dio la tarea de fomentar este debate, ¿por qué?

Dudo que el editor crea que el "diseño inteligente" sea una teoría científicamente válida, pero posiblemente le parece que hay un segmento considerable de la población costarricense que comparte la posición de Fernando Zamora sobre este tema y merece ser escuchado y su posición refutada públicamente. Pero a pesar de que quede muy claro para algunos de nosotros las verdaderas intenciones y la ignorancia de Fernando Zamora, me parece que el mensaje que da un debate público de este tipo a la población en general es otro.

Como medio de comunicación La Nación tiene autoridad y se presume que las opiniones presentadas en el diario, por más que sean contrarias a las de los editores, son opiniones válidas y justificables. De cierta manera, la sección de opinión debe ser un ejemplo para fomentar el debate de temas relevantes entre el pueblo. Siendo este el caso, no me sorprendería que muchas personas, con un pensamiento que no ha sido entrenado para ser lo suficientemente crítico, lleguen a la conclusión de que existe en los círculos científicos y académicos un debate (reflejado en La Nación) entre el origen del hombre, con dos posiciones válidas (la evolución y el diseño inteligente) sobre una pregunta a la cual todavía no tenemos respuesta concreta: ¿cuál es nuestro origen? La verdad, por supuesto, es otra.

Lawrence Krauss ha sugerido que la estrategia del Discovery Institute (mayor proponente del diseño inteligente en los EEUU) es precisamente generar la ilusión controversia donde no la hay, hacer creer al público que existe tal cosa como un debate científico entre la evolución y el diseño inteligente para luego explotar valores como la honestidad y la igualdad para llevar su propaganda religiosa a las escuelas: "enseñar sólo evolución es dogmático, deberíamos educar también sobre la controversia." Desgraciadamente, mediante la publicación de este debate, La Nación ha caído en la trampa y le ha hecho un favor al diseño inteligente: le ha dado la impresión a muchas personas de que existe tal controversia.

A muchos les puede parecer benigno lo que piense el público acerca de este tema pero no hay que olvidar que en una democracia como la nuestra la opinión pública es de suma importancia. Así, alterar la mentalidad popular de tal manera que esta se preste para facilitar un programa político-religioso con consecuencias potencialmente desastrosas para la educación nacional debe ser evitado.

En conclusión, La Nación debería ser más conciente del impacto social que puede tener y debería ser más cuidadosa con lo que publica. No estoy pidiendo que se censuren opiniones, sino falsedades.

sábado, 2 de agosto de 2008

viernes, 1 de agosto de 2008

El milagro de la muerte

Me gusta saber que me puedo matar. Me da un gran sentimiento de control saber que esta vida es mía y la puedo acabar cuando quiera. La seguridad de que siempre tendré una salida, la muerte, me ayuda a controlar el miedo a tantas cosas terribles que me podrían pasar.

La certeza de la muerte quiere decir que la miseria y el dolor, por más grandes que sean, son impermanentes. ¿Para qué miedo si todo sentimiento decaerá en mi memoria y luego será nada?

Y no soy sólo yo, sino que todo se dirige a su fin. El Universo mismo se encamina, en expansión infinita, a un estado de homogeneidad donde no habrá dinámica estelar y las moléculas no tendrán energía suficiente para crear el desorden que es la vida. Nos dirigimos a un estado simétrico, frío y pacífico - una tumba perfecta.

Se dice que el suicidio es cobardía. Sugiero a cualquiera que haya osado decir tal barbaridad que compre un revolver, lo cargue, lo enfrente a la sien y sienta como se le encogen los huevos.

Es imprudente acusar al suicida de irresponsabilidad e irracionalidad por dos razones. Primero, nadie entiende mejor la situación de una persona que ella misma. Y segundo, el suicidio es una decisión tan radical que tuvo que haber sido muy cuidadosamente premeditada. Por supuesto, siempre están los casos extremos donde algunas personas realmente no tienen el control de sus acciones - pero estos son una minoría. Negarlo y atribuir todo suicidio a enfermedades sicológicas simplemente revela el estigma social en contra de la práctica.

Es entonces una falta de respeto al muerto creer que su decisión de quitarse la vida fue un terrible error. Tal conclusión es común en la familia donde se le percibe tanto como vícitima que como asesino. Por lo general, el suicida no se quita la vida para generar dolor, sino para eliminarlo. Por esta razón la acusación de que el suicidio es egoísta no tiene fundamento."¡Se mató sin pensar en el dolor que iba a dejar en nosotros!" ¿Quién es el egoísta? ¿Tal vez más bien lo son los familiares porque prefieren tener a una persona miserable con tal de evitar el dolor que les causaría dejarla ir? ¿O tal vez lo es la sociedad porque prefiere el sufrimiento de uno que la pérdida de servicios y beneficios en consecuencia de su muerte?

No me pienso matar, bueno al menos no hoy, ni esta semana. Pero puedo crear muchas situaciones hipotéticas en mi cabeza donde la muerte es la mejor solución y me molesta pensar que se considere que no estoy evaluando el problema racionalmente simplemente porque la conclusión es el suicidio. No quiero implicar que todo suicidio es la elección correcta, a veces lo es y a veces no, todos cometemos errores. Pero hay que comprender que en muchos casos fue una decisión meditada cuidadosamente y por respeto al suicida deberíamos aceptarla- es su vida y su derecho.

sábado, 26 de julio de 2008

Ojo

Por esas maravillas de la vida, sucede que ocasionalmente artistas distintos, debido a sus influencias y formaciones similares, terminan creando obras que son casi idénticas.

Aún más espeluznante es cuando un artista crea una obra que asimila más la obra de otro que la suya, lo que nos envía a una confusión incómoda. La obra se convierte en una pieza que no es fácil de reconciliar con la identidad que le hemos dado al artista y, si logramos incorporarla al cuerpo de evidencia que contribuye a nuestra definición de este, entramos en el debate de qué diferencia a un artista del otro.

El rocanrol tiene un factor que hace el caso aún más interesante: los autores de la letra y la música son los mismos que la llevan al escenario. Así que existe la remota posibilidad de que una canción escrita por un artista, cuya música y letra según nuestro criterio parece más bien obra de otro, sea puesta en escena por el segundo.

Esto sucede ocasionalmente cuando un músico hace un cover de la canción adecuada o, mejor aún, cuando un músico se une a otro para robarle su canción en el escenario. Lo que me trae finalmente a mostrarles la razón por la cual empecé esta entrada:


jueves, 24 de julio de 2008

Los hombres no lloran

Esta entrada iba a ser un comentario a lo escrito el 21 de junio por Imme pero debido a su importancia creo que merece una entrada por sí sola.

Quiero hacer crítica a la postura de Imme, simplemente porque es descaradamente machista, pero no por la razón que ella cree.

En la entrada, Imme se presenta como la heroína de la historia. Ella, que es capaz de no ser víctima de todas las desgracias femeninas, como, aparentemente, lo son bordar, enojarse, llorar, cocinar y cuidar niños, dice que se ha rendido y ha llegado aceptar esta condición "inferior" de la mujer costarricense (además de su condición de superior, claro).

Me parece que lo más machista de la entrada de Imme es el rechazo total a todo lo que es estereotípicamente femenino. En su mente el hombre y su condición son superiores y la única manera de que la mujer obtenga la igualdad es masculinizándose, asimilando las actitudes y prácticas del hombre.

No pretendo decir que la condición de la mujer es tradicionalmente igual que la del hombre. Lo que quiero decir es que las tareas que son tradicionalmente femeninas son tan importantes y dignificantes como las tareas que son tradicionalmente masculinas, y, como tales, deberían, tanto hombres como mujeres, practicarlas y sentirse orgullosos de hacerlo. En principio, no hay nada negativo, ni tampoco femenino, en cuidar niños, llorar o bordar.

El caso de la igualdad es muy complicado y creo que la solución al problema no es de clasificar ciertas prácticas tradicionalmente femeninas como repudiables y abogar porque la igualdad de sexos se obtendrá cuando la mujer renuncie a tales acciones, sino dignificar y desgenerizar toda acción profesional y social. Hay que comprender que el asistente es tan importante como el doctor, y la secretaria como la gerente - valorar todo trabajo por su importancia social y luchar en contra de estándares que digan que al hombre o la mujer le corresponden tales trabajos.

Lograremos la igualdad cuando podamos librar de percepciones jerárquicas, étnicas y sexuales las labores sociales y no, como estipula Imme, cuando todo grupo social tenga su ración de las labores "superiores" y "dignificantes".

Resumiendo

Woulauk basado en el uso de palabras.

sábado, 5 de julio de 2008

El Gran Impulso

¿Qué puedo hacer por mi país? En muchas mentes esta pregunta nunca llega a ser formulada ni su respuesta considerada. En mi caso el problema exige una enérgica y dedicada reflexión, ya que el recuerdo de Costa Rica y la realidad con la que me enfrento en cada retorno me traen grandes alegrías pero también avivan una melancolía latente.

Me resulta difícil explicar lo agradecido que estoy con mi país y su gente por el ambiente en que crecí y las totalmente inesperadas oportunidades que me ha dado. De alguna manera el entorno de mi niñez y adolescencia logró darme un interés por la educación y suficiente energía para perseguir este interés por el resto de mi vida. ¿Qué me distingue de mis muchos vecinos que no tuvieron estas oportunidades? Definitivamente no es que vengo de una familia rica, si el concepto de "clase media media con ocasional falta de dinero" es una categoría aceptada (aunque quizás para quienes me conocen esto requiera una explicación, la cual existe); de no ser por una educación colegial y universitaria gratuita, la historia sería muy distinta. Tampoco nací envuelto en una aristocracia intelectual; la mayoría de mi familia extendida (con pocas excepciones) no pasó de un primer título universitario. Tampoco es que mis padres me presionaron en ninguna manera en cuanto a la educación. Ellos nunca esperaron mucho de mi, y hubieran estado satisfechos con que yo terminara la universidad (y hasta menos).

La diferencia está en un (inexplicado) deseo de estallar fuera de la burbuja de ignorancia. Pero no es eso ningún mérito mio, sino algo que recogí en algún momento de mi vida en Costa Rica. Por lo tanto, no puedo dejar atrás a las personas, la cultura, y las instituciones que me formaron.

Entiéndase esta historia personal a modo de introducción. Cada quien tendrá una propia.

No obstante la lluvia de agradecimientos que tengo para Costa Rica, no es un sentimiento de deuda a mi país el que me lleva a escribir este comentario, sino un profundo deseo de superación. Es deber de cada uno de nosotros pensar en qué manera podemos contribuir. En mi caso comienzo por no olvidar a la Universidad de Costa Rica, que con todos sus defectos es lo mejor que tenemos. Para quienes estudiaron ahí es obvio que falta dinero, pero hay una pequeña cultura de estudiantes fuertes e interesados que tiene más valor que ese dinero ausente. Comienzo por no olvidarme de ellos. Por estas personas creo que vale la pena hacer un esfuerzo de mejorar la educación en la Universidad y mantener encendido el interés. Quizás de momento no puedo darles las oportunidades que he tenido yo, pero sí puedo avivar el deseo de aprender, que en casos puede más que las oportunidades.

Con este fin quiero proponer que iniciemos una serie de charlas en la Universidad, cuando sea conveniente y posible. Esto ayuda a los estudiantes a conocer más sobre qué pueden hacer con sus estudios, y tiene un gran efecto motivante en los profesores. Sin duda conocemos a personas que estarían dispuestas a darlas (nosotros incluidos) y la organización de tales eventos sería muy fácil. Esta es mi primera idea, y me gustaría intentarla como un experimento.

Quisiera además instar a todos a buscar la excelencia en su área de estudio, no sólo por la superación personal, sino para luego poder compartir su conocimiento de la mejor manera posible. Después de un proceso educativo bastante largo, creo que todos vamos adquiriendo algo que muchos costarricenses no tienen, que es la posibilidad de darle un gran impulso intelectual a su país. ¡Hagamos algo con eso!