Quiero hacer crítica a la postura de Imme, simplemente porque es descaradamente machista, pero no por la razón que ella cree.
En la entrada, Imme se presenta como la heroína de la historia. Ella, que es capaz de no ser víctima de todas las desgracias femeninas, como, aparentemente, lo son bordar, enojarse, llorar, cocinar y cuidar niños, dice que se ha rendido y ha llegado aceptar esta condición "inferior" de la mujer costarricense (además de su condición de superior, claro).
Me parece que lo más machista de la entrada de Imme es el rechazo total a todo lo que es estereotípicamente femenino. En su mente el hombre y su condición son superiores y la única manera de que la mujer obtenga la igualdad es masculinizándose, asimilando las actitudes y prácticas del hombre.
No pretendo decir que la condición de la mujer es tradicionalmente igual que la del hombre. Lo que quiero decir es que las tareas que son tradicionalmente femeninas son tan importantes y dignificantes como las tareas que son tradicionalmente masculinas, y, como tales, deberían, tanto hombres como mujeres, practicarlas y sentirse orgullosos de hacerlo. En principio, no hay nada negativo, ni tampoco femenino, en cuidar niños, llorar o bordar.
El caso de la igualdad es muy complicado y creo que la solución al problema no es de clasificar ciertas prácticas tradicionalmente femeninas como repudiables y abogar porque la igualdad de sexos se obtendrá cuando la mujer renuncie a tales acciones, sino dignificar y desgenerizar toda acción profesional y social. Hay que comprender que el asistente es tan importante como el doctor, y la secretaria como la gerente - valorar todo trabajo por su importancia social y luchar en contra de estándares que digan que al hombre o la mujer le corresponden tales trabajos.
Lograremos la igualdad cuando podamos librar de percepciones jerárquicas, étnicas y sexuales las labores sociales y no, como estipula Imme, cuando todo grupo social tenga su ración de las labores "superiores" y "dignificantes".
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