El subcuartel del gluminati costarricense.

sábado, 26 de julio de 2008

Ojo

Por esas maravillas de la vida, sucede que ocasionalmente artistas distintos, debido a sus influencias y formaciones similares, terminan creando obras que son casi idénticas.

Aún más espeluznante es cuando un artista crea una obra que asimila más la obra de otro que la suya, lo que nos envía a una confusión incómoda. La obra se convierte en una pieza que no es fácil de reconciliar con la identidad que le hemos dado al artista y, si logramos incorporarla al cuerpo de evidencia que contribuye a nuestra definición de este, entramos en el debate de qué diferencia a un artista del otro.

El rocanrol tiene un factor que hace el caso aún más interesante: los autores de la letra y la música son los mismos que la llevan al escenario. Así que existe la remota posibilidad de que una canción escrita por un artista, cuya música y letra según nuestro criterio parece más bien obra de otro, sea puesta en escena por el segundo.

Esto sucede ocasionalmente cuando un músico hace un cover de la canción adecuada o, mejor aún, cuando un músico se une a otro para robarle su canción en el escenario. Lo que me trae finalmente a mostrarles la razón por la cual empecé esta entrada:


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