El debate al que me refiero es el viejo, sobre discutido y académicamente muerto debate entre la evolución y el creacionismo. Esta discusión en La Nación empezó con la publicación el 1 de julio de 2008 del artículo La peligrosa idea de Darwin por parte de Christian Hess. Esta columna es en conmemoración al aniversario de la teoría de la evolución, en la cuál el autor llama a las instituciones educativas nacionales a celebrar tal acontecimiento de gran importancia histórica. El gran error del editor no fue la publicación de este artículo sino el de la respuesta a este por parte del abogado Fernando Zamora titulada Los dogmáticos de la evolución.
Fernando Zamora no tiene una formación científica y peor aún, no tiene la más mínima idea de cómo funciona la ciencia. Empieza su artículo con el débil y malicioso argumento de que la evolución "es simplemente una teoría, una mera hipótesis y no una ley." Luego da "evidencia", sin citar un sólo nombre, de cómo la evolución ha sido comprobada incorrecta por medio de la bioquímica, nos presenta el argumento de la "complejidad" y supone que si Darwin estuviera vivo habría abandonado su propia teoría (¡se necesita coraje para formular tal falacia de autoridad!). Finalmente, Zamora liquida toda duda de que sus intenciones no son científicas concluyendo "la naturaleza refleja un diseño, el cual susurra la misteriosa e inescrutable intervención de un Ser creador."
Después de la publicación de este artículo se publican al menos quince más debatiendo el tema. La mayoría de ellos por parte de biólogos y académicos desmembrando y comprobando incorrectas las proposiciones de Fernando Zamora. Otros, en cambio, llegan a atacar a la evolución a tal punto de que la culpan por el racismo y la eugenesia. El debate es confuso y desordenado ya que abarca temas de ciencia, religión, ética y educación, con el lado del diseño inteligente sin comprender qué es teoría, ciencia, evidencia o verdad, argumentando desesperada y falazmente con tal de persuadir sobre la necesidad de un creador.
El artículo de Fernando Zamora es argumentativamente débil y deshonesto, intentando aprovechar "evidencia científica" para ganar adherentes a una filosofía que no lo es. Así que bajo su propio mérito no debería ser publicado. Aún así, sin respeto a los estándares de calidad que algunos lectores esperamos, Julio Rodríguez se dio la tarea de fomentar este debate, ¿por qué?
Dudo que el editor crea que el "diseño inteligente" sea una teoría científicamente válida, pero posiblemente le parece que hay un segmento considerable de la población costarricense que comparte la posición de Fernando Zamora sobre este tema y merece ser escuchado y su posición refutada públicamente. Pero a pesar de que quede muy claro para algunos de nosotros las verdaderas intenciones y la ignorancia de Fernando Zamora, me parece que el mensaje que da un debate público de este tipo a la población en general es otro.
Como medio de comunicación La Nación tiene autoridad y se presume que las opiniones presentadas en el diario, por más que sean contrarias a las de los editores, son opiniones válidas y justificables. De cierta manera, la sección de opinión debe ser un ejemplo para fomentar el debate de temas relevantes entre el pueblo. Siendo este el caso, no me sorprendería que muchas personas, con un pensamiento que no ha sido entrenado para ser lo suficientemente crítico, lleguen a la conclusión de que existe en los círculos científicos y académicos un debate (reflejado en La Nación) entre el origen del hombre, con dos posiciones válidas (la evolución y el diseño inteligente) sobre una pregunta a la cual todavía no tenemos respuesta concreta: ¿cuál es nuestro origen? La verdad, por supuesto, es otra.
Lawrence Krauss ha sugerido que la estrategia del Discovery Institute (mayor proponente del diseño inteligente en los EEUU) es precisamente generar la ilusión controversia donde no la hay, hacer creer al público que existe tal cosa como un debate científico entre la evolución y el diseño inteligente para luego explotar valores como la honestidad y la igualdad para llevar su propaganda religiosa a las escuelas: "enseñar sólo evolución es dogmático, deberíamos educar también sobre la controversia." Desgraciadamente, mediante la publicación de este debate, La Nación ha caído en la trampa y le ha hecho un favor al diseño inteligente: le ha dado la impresión a muchas personas de que existe tal controversia.
A muchos les puede parecer benigno lo que piense el público acerca de este tema pero no hay que olvidar que en una democracia como la nuestra la opinión pública es de suma importancia. Así, alterar la mentalidad popular de tal manera que esta se preste para facilitar un programa político-religioso con consecuencias potencialmente desastrosas para la educación nacional debe ser evitado.
En conclusión, La Nación debería ser más conciente del impacto social que puede tener y debería ser más cuidadosa con lo que publica. No estoy pidiendo que se censuren opiniones, sino falsedades.
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