El subcuartel del gluminati costarricense.

sábado, 5 de julio de 2008

El Gran Impulso

¿Qué puedo hacer por mi país? En muchas mentes esta pregunta nunca llega a ser formulada ni su respuesta considerada. En mi caso el problema exige una enérgica y dedicada reflexión, ya que el recuerdo de Costa Rica y la realidad con la que me enfrento en cada retorno me traen grandes alegrías pero también avivan una melancolía latente.

Me resulta difícil explicar lo agradecido que estoy con mi país y su gente por el ambiente en que crecí y las totalmente inesperadas oportunidades que me ha dado. De alguna manera el entorno de mi niñez y adolescencia logró darme un interés por la educación y suficiente energía para perseguir este interés por el resto de mi vida. ¿Qué me distingue de mis muchos vecinos que no tuvieron estas oportunidades? Definitivamente no es que vengo de una familia rica, si el concepto de "clase media media con ocasional falta de dinero" es una categoría aceptada (aunque quizás para quienes me conocen esto requiera una explicación, la cual existe); de no ser por una educación colegial y universitaria gratuita, la historia sería muy distinta. Tampoco nací envuelto en una aristocracia intelectual; la mayoría de mi familia extendida (con pocas excepciones) no pasó de un primer título universitario. Tampoco es que mis padres me presionaron en ninguna manera en cuanto a la educación. Ellos nunca esperaron mucho de mi, y hubieran estado satisfechos con que yo terminara la universidad (y hasta menos).

La diferencia está en un (inexplicado) deseo de estallar fuera de la burbuja de ignorancia. Pero no es eso ningún mérito mio, sino algo que recogí en algún momento de mi vida en Costa Rica. Por lo tanto, no puedo dejar atrás a las personas, la cultura, y las instituciones que me formaron.

Entiéndase esta historia personal a modo de introducción. Cada quien tendrá una propia.

No obstante la lluvia de agradecimientos que tengo para Costa Rica, no es un sentimiento de deuda a mi país el que me lleva a escribir este comentario, sino un profundo deseo de superación. Es deber de cada uno de nosotros pensar en qué manera podemos contribuir. En mi caso comienzo por no olvidar a la Universidad de Costa Rica, que con todos sus defectos es lo mejor que tenemos. Para quienes estudiaron ahí es obvio que falta dinero, pero hay una pequeña cultura de estudiantes fuertes e interesados que tiene más valor que ese dinero ausente. Comienzo por no olvidarme de ellos. Por estas personas creo que vale la pena hacer un esfuerzo de mejorar la educación en la Universidad y mantener encendido el interés. Quizás de momento no puedo darles las oportunidades que he tenido yo, pero sí puedo avivar el deseo de aprender, que en casos puede más que las oportunidades.

Con este fin quiero proponer que iniciemos una serie de charlas en la Universidad, cuando sea conveniente y posible. Esto ayuda a los estudiantes a conocer más sobre qué pueden hacer con sus estudios, y tiene un gran efecto motivante en los profesores. Sin duda conocemos a personas que estarían dispuestas a darlas (nosotros incluidos) y la organización de tales eventos sería muy fácil. Esta es mi primera idea, y me gustaría intentarla como un experimento.

Quisiera además instar a todos a buscar la excelencia en su área de estudio, no sólo por la superación personal, sino para luego poder compartir su conocimiento de la mejor manera posible. Después de un proceso educativo bastante largo, creo que todos vamos adquiriendo algo que muchos costarricenses no tienen, que es la posibilidad de darle un gran impulso intelectual a su país. ¡Hagamos algo con eso!

1 comentario:

Alvaro Chavarria dijo...

David, me encanta su idea.