El subcuartel del gluminati costarricense.

domingo, 20 de junio de 2010

La religión de la verdad

Será por la tradición judeo-cristiana en Occidente que se ha llegado a adorar a la verdad, hasta el punto que, aún en discusiones seculares, se percibe un respeto a esta como si fuese una grandiosa ente metafísica.

La verdad es tan sólo una palabra cuyo abuso ha trascendido la realidad y ha tomado un tinte mágico. A Jesucristo se le atribuye uno de los peores usos conocidos de esta. En una de sus frases más célebres, la cual es, además, uno de los versos más intolerantes jamás escritos en un texto religioso, dice: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí." (Juan 14:6)

No pretendo entender el uso de "verdad" en esta frase porque es ininteligible. No estoy seguro si querrá decir que los relatos bíblicos de Jesucristo son ciertos o si rezar es la mejor estrategia para pasar un examen, ambas interpretaciones, de todas maneras, son falsas. Lo que sí sé es que tal explotación del lenguaje lleva a que se considere la verdad como un valor cristiano.

Y así, como muchos otros valores han encontrado lugar en una visión secular y moderna del mundo que aún mantiene implícitamente un inexplicable absolutismo ético, encontramos a la verdad sobre un altar, considerada el propósito de la vida humana a tal punto que se desprecia la felicidad en ignorancia.

En el mayor sentido de la palabra, la verdad no sólo nos lleva al conocimiento de lo empíricamente cierto sino que, además, es la distinción entre el bien y el mal. Es esta inclusión de variados conceptos lo que lleva a la confusión: una única palabra, con diferentes definiciones, es fundamental para discusiones tanto epistemológicas como éticas. Me pregunto cuánto influye esto en las debates sobre el rol que juega la ciencia en la ética, un tema de histórica importancia que se sigue debatiendo en el presente.

Aún más interesante es el debate innecesario y las frustraciones de artistas y humanistas cuando asevero que la ciencia nos lleva a la verdad. Por supuesto que simplemente quiero decir que la ciencia nos ayuda a interrelacionar nuestras percepciones sensoriales bajo un modelo deductivo que nos permite hacer afirmaciones sobre estas que son temporalmente independientes, o sea predicciones. Desgraciadamente siempre asumen que estoy hablando de algo más grande, de un concepto más transcendente que dignifica a la ciencia y la corona sobre todas las demás disciplinas. Entonces con recelo me dicen que me refiero a una verdad muy particular. Así es pero, qué otra definición clara y sin ambigüedad existe para la verdad si no es esa. Nuevamente, me pregunto qué tan responsable del desprecio del posmodernismo hacia la ciencia es esta confusión sobre una simple palabra.

Finalmente, noto que en discusiones enteramente epistemológicas existen ciertas propuestas de suma importancia histórica que tal vez no lo hubiesen sido si no se hubiera abusado de la verdad. Tómese por ejemplo el genio maligno de Descartes. El filósofo se ve obligado a justificar la existencia de entes metafísicas, permanentes y trascendentes que dan origen a nuestras percepciones. Descartes ve la necesidad de incluir una realidad mayor, claramente influenciado por la presuposición católica de una verdad más allá de nuestros sentidos.

En fin, temo que no existe en la mente individual, y mucho menos en la mente colectiva, una definición coherente de la verdad. Le atribuimos a la palabra definiciones muy distintas y conflictivas, además de que ella misma viene ya cargada de prejuicios religiosos que la convierten en un calificativo de superioridad. Podríamos redefinir la palabra o simplemente deshacernos de ella.

lunes, 5 de abril de 2010

La cruzada de Irene Rodríguez

Yo siempre he sido crítico de la ignorancia científica de La Nación. De buena voluntad les envió correcciones y comentarios a sus artículos de física y he presentado en este blog los fallos editoriales con respecto a ciertos temas que involucran a la ciencia. O sea, tengo que ser el único que se queja por algo más que su aparente preferencia por Laura Chinchilla (algo que, en realidad, yo no noto).

Pues ahora me ha molestado la publicación el domingo (léase de "resurrección") dos artículos (uno de ellos correspondiendo a un estudio del 2008!) por parte de Irene Rodríguez:


Esto no es más que propaganda religiosa, especialmente cuando esta semana abundan en la red artículos científicos un poco más interesantes, incluyendo uno que menciona estudios que muestran que las experiencias "religiosas" cercanas a la muerte pueden ser reproducidas con ketamina.

Supongo que a Irene y a los editores de La Nación les parece una buena idea dar tales increíbles noticias a todos aquellos que celebraron "apropiadamente" el domingo de resurrección. ¿Es esto realmente necesario?

Algo que no se enfatiza en los artículos es que todos estos efectos de la fe son simplemente sicológicos. Estudios doble ciegos han comprobado una y otra vez la inutilidad del rezo. Como está escrito el artículo, no me sorprendería que algún ignorante vaya a concluir: "Al que reza Dios le ayuda." Por el contrario, esto es simplemente evidencia de que el auto-engaño es una buena estrategia contra la depresión, lo cual no es sorprendente.

Si La Nación quiere promover la religión esta Semana Santa, sugiero que publiquen un iluminado artículo explicándonos a todos por qué es la voluntad de Jesucristo que haya más muertes violentas precisamente la semana en la que se celebra su vida eterna. ¿Será acaso por morbo?

Esta actitud por parte de uno de los periódicos más importantes del país es preocupante, especialmente cuando está apunto de llegar al poder una mujer que podría ser peligrosamente motivada por sus supersticiones a promover legislación que atenta contra las libertades y derechos de muchos costarricenses, haciendo necesario, más que nunca, una crítica racionalista a las acciones gubernamentales.

¿Por respeto a quién?

Una de las leyes más avergonzantes de Costa Rica es la Ley Seca. Esta regía durante los días de los comicios electorales y durante el jueves y viernes santos, aunque a principio de este año fue reducida simplemente a los dos últimos.

La prohibición del licor el día de las elecciones al menos podía ser justificado argumentando que este facilita disturbios y el rompimiento del orden social -- aún cuando en este país hay más de un animal que sólo necesita una mínima excusa para jugar de "revolucionario". Además, puede prevenir que alguien vote borracho -- aunque algunos sólo borrachos iríamos a votar.

Sin embargo, ¿cuál es el propósito de prohibir la venta del licor los jueves y viernes santos?
Los católicos, y cristianos en general, tienen todo el derecho de respetar sus supersticiones, y si esto implica no tomar licor, pues que no tomen. Pero ellos no deberían poder irrespetar mis derechos, prohibiéndome disfrutar de un trago simplemente porque va contra sus creencias. Para mí, que me importa la muerte de Jesucristo tanto como la de Chespirito o Sandro, el jueves y viernes santos son días comunes que, afortunadamente, me los han dado libres y, por consiguiente, son ideales para muchos tragos.

¿Ley Seca por respeto?, qué tal por envidia. Envidia del cristiano hacia mí, gluminado, porque no tengo que practicar penitencia, porque yo, libre de mitos y leyendas, puedo alcoholizarme y divertirme sin el temor a la maldición eterna.

sábado, 4 de octubre de 2008

Religulous, por Bill Maher

Después de varios meses de espera ayer finalmente vi Religulous en su día de estreno.

Mi primera reacción después de ver la película incluyó un poco de decepción. No fue absurdamente graciosa y el mensaje, aunque claro, no fue perfectamente argumentado. Cualquier ateo que vea la película corre el riesgo de tener una reacción similar. Todos hemos escuchado los argumentos en contra de la religión y la existencia de dios presentados por académicos e intelectuales contemporáneos de mayor pericia como Krauss, Dawkins, Carrol y Tyson.

Aún así, luego de pensar en la reacción que podría producir esta película en la población en general, me di cuenta de que posible y afortunadamente no somos nosotros, los naturalistas, a quienes está dirigido este largometraje. Así, me parece que esta película es ideal para personas menos exigentes en el plano argumentativo, que no sean perdidamente religiosas y que nunca hayan sido expuestas a los argumentos básicos en contra del misticismo y la fantasía, además de todo aquel que, aunque no sea necesariamente religioso, ve la religión como algo bueno y la fe como una virtud.

La mayor parte de la película se basa principalmente en Bill Maher viajando por el mundo, entrevistando y haciendo burla de creyentes. Habla con gente pobre, rica, judíos, musulmanes, católicos, protestantes, de diferentes etnias y culturas y, aunque no los presenta como villanos, respetando su humanidad, sí los presenta como víctimas de su ignorancia. Muestra las contradicciones en las que viven, su fanatismo, su hipocrecía y su demencia.

Al final de la película para la risa. Bill Maher da un sermón y, aún cuando a muchos les parezca ofensivo e imponente, me parece muy adecuado. El peligro de la religión no es un juego - la falta de pensamiento crítico y la superstición son posiblemente las mayores amenazas que enfrenta la sociedad moderna y, por eso, el tema no debe ser tratado ligeramente.

Las imágenes apocalípticas, superimpuestas con el fanatismo, mostradas lado a lado con la creencia de los judíos, cristianos y musulmanes de que el gran fin se avecina, pone en perspectiva la seriedad del problema.

El mensaje: nuestar supervivencia depende de nuestra capacidad de combatir el odio y la irracionalidad engendrados por la religión.

Enhorabuena.

lunes, 15 de septiembre de 2008

¿Ciencia o arte?

Estaba hace unas horas trabajando, haciendo gráficos interesantes con el propósito de entender mejor la naturaleza, cuando de repente me topo con uno, que si bien fue bastante inútil para mi investigación, posee cierta belleza:


domingo, 7 de septiembre de 2008

Pronto en cines: Religulous

Yo soy un gran fanático de Bill Maher. Como no tengo televisión, me levanto temprano todos los sábados para ver en YouTube el último episodio de Real Time que fue transmitido en los E.E.U.U. por HBO el viernes por la noche.

No estoy de acuerdo con todo lo que dice Bill Maher, ni me parece que él sea particularmente inteligente. Su virtud está en tener una visión realista y muy clara del mundo, estar dispuesto a decir las cosas como son, con libertad absoluta de la lengua, y ser efectivamente gracioso.

Así que estoy bastante emocionado de que muy pronto, el 3 de Octubre, se va a estrenar en Nueva York y Los Ángeles el documental de Bill Maher titulado Religulous.

El prólogo del documental puede ser visto aquí (subtitulado).

Espero que haya planes para llevar este documental a Costa Rica.

domingo, 31 de agosto de 2008

Un debate dañino

En meses recientes, la sección de opinión del periódico La Nación se ha convertido en foro sobre un debate sin importancia. De hecho, que esta discusión es tan irrelevante que no debería tener lugar en un periódico de difusión nacional, en una sección cuyo propósito debería ser el de llevar al lector los debates de importancia social y política que se desarrollan en el país. Haberle dado lugar a tal discusión pone en duda el buen juicio del editor de opinión del diario, el señor Julio Rodríguez.

El debate al que me refiero es el viejo, sobre discutido y académicamente muerto debate entre la evolución y el creacionismo. Esta discusión en La Nación empezó con la publicación el 1 de julio de 2008 del artículo La peligrosa idea de Darwin por parte de Christian Hess. Esta columna es en conmemoración al aniversario de la teoría de la evolución, en la cuál el autor llama a las instituciones educativas nacionales a celebrar tal acontecimiento de gran importancia histórica. El gran error del editor no fue la publicación de este artículo sino el de la respuesta a este por parte del abogado Fernando Zamora titulada Los dogmáticos de la evolución.

Fernando Zamora no tiene una formación científica y peor aún, no tiene la más mínima idea de cómo funciona la ciencia. Empieza su artículo con el débil y malicioso argumento de que la evolución "es simplemente una teoría, una mera hipótesis y no una ley." Luego da "evidencia", sin citar un sólo nombre, de cómo la evolución ha sido comprobada incorrecta por medio de la bioquímica, nos presenta el argumento de la "complejidad" y supone que si Darwin estuviera vivo habría abandonado su propia teoría (¡se necesita coraje para formular tal falacia de autoridad!). Finalmente, Zamora liquida toda duda de que sus intenciones no son científicas concluyendo "la naturaleza refleja un diseño, el cual susurra la misteriosa e inescrutable intervención de un Ser creador."

Después de la publicación de este artículo se publican al menos quince más debatiendo el tema. La mayoría de ellos por parte de biólogos y académicos desmembrando y comprobando incorrectas las proposiciones de Fernando Zamora. Otros, en cambio, llegan a atacar a la evolución a tal punto de que la culpan por el racismo y la eugenesia. El debate es confuso y desordenado ya que abarca temas de ciencia, religión, ética y educación, con el lado del diseño inteligente sin comprender qué es teoría, ciencia, evidencia o verdad, argumentando desesperada y falazmente con tal de persuadir sobre la necesidad de un creador.

El artículo de Fernando Zamora es argumentativamente débil y deshonesto, intentando aprovechar "evidencia científica" para ganar adherentes a una filosofía que no lo es. Así que bajo su propio mérito no debería ser publicado. Aún así, sin respeto a los estándares de calidad que algunos lectores esperamos, Julio Rodríguez se dio la tarea de fomentar este debate, ¿por qué?

Dudo que el editor crea que el "diseño inteligente" sea una teoría científicamente válida, pero posiblemente le parece que hay un segmento considerable de la población costarricense que comparte la posición de Fernando Zamora sobre este tema y merece ser escuchado y su posición refutada públicamente. Pero a pesar de que quede muy claro para algunos de nosotros las verdaderas intenciones y la ignorancia de Fernando Zamora, me parece que el mensaje que da un debate público de este tipo a la población en general es otro.

Como medio de comunicación La Nación tiene autoridad y se presume que las opiniones presentadas en el diario, por más que sean contrarias a las de los editores, son opiniones válidas y justificables. De cierta manera, la sección de opinión debe ser un ejemplo para fomentar el debate de temas relevantes entre el pueblo. Siendo este el caso, no me sorprendería que muchas personas, con un pensamiento que no ha sido entrenado para ser lo suficientemente crítico, lleguen a la conclusión de que existe en los círculos científicos y académicos un debate (reflejado en La Nación) entre el origen del hombre, con dos posiciones válidas (la evolución y el diseño inteligente) sobre una pregunta a la cual todavía no tenemos respuesta concreta: ¿cuál es nuestro origen? La verdad, por supuesto, es otra.

Lawrence Krauss ha sugerido que la estrategia del Discovery Institute (mayor proponente del diseño inteligente en los EEUU) es precisamente generar la ilusión controversia donde no la hay, hacer creer al público que existe tal cosa como un debate científico entre la evolución y el diseño inteligente para luego explotar valores como la honestidad y la igualdad para llevar su propaganda religiosa a las escuelas: "enseñar sólo evolución es dogmático, deberíamos educar también sobre la controversia." Desgraciadamente, mediante la publicación de este debate, La Nación ha caído en la trampa y le ha hecho un favor al diseño inteligente: le ha dado la impresión a muchas personas de que existe tal controversia.

A muchos les puede parecer benigno lo que piense el público acerca de este tema pero no hay que olvidar que en una democracia como la nuestra la opinión pública es de suma importancia. Así, alterar la mentalidad popular de tal manera que esta se preste para facilitar un programa político-religioso con consecuencias potencialmente desastrosas para la educación nacional debe ser evitado.

En conclusión, La Nación debería ser más conciente del impacto social que puede tener y debería ser más cuidadosa con lo que publica. No estoy pidiendo que se censuren opiniones, sino falsedades.