El subcuartel del gluminati costarricense.

sábado, 26 de julio de 2008

Ojo

Por esas maravillas de la vida, sucede que ocasionalmente artistas distintos, debido a sus influencias y formaciones similares, terminan creando obras que son casi idénticas.

Aún más espeluznante es cuando un artista crea una obra que asimila más la obra de otro que la suya, lo que nos envía a una confusión incómoda. La obra se convierte en una pieza que no es fácil de reconciliar con la identidad que le hemos dado al artista y, si logramos incorporarla al cuerpo de evidencia que contribuye a nuestra definición de este, entramos en el debate de qué diferencia a un artista del otro.

El rocanrol tiene un factor que hace el caso aún más interesante: los autores de la letra y la música son los mismos que la llevan al escenario. Así que existe la remota posibilidad de que una canción escrita por un artista, cuya música y letra según nuestro criterio parece más bien obra de otro, sea puesta en escena por el segundo.

Esto sucede ocasionalmente cuando un músico hace un cover de la canción adecuada o, mejor aún, cuando un músico se une a otro para robarle su canción en el escenario. Lo que me trae finalmente a mostrarles la razón por la cual empecé esta entrada:


jueves, 24 de julio de 2008

Los hombres no lloran

Esta entrada iba a ser un comentario a lo escrito el 21 de junio por Imme pero debido a su importancia creo que merece una entrada por sí sola.

Quiero hacer crítica a la postura de Imme, simplemente porque es descaradamente machista, pero no por la razón que ella cree.

En la entrada, Imme se presenta como la heroína de la historia. Ella, que es capaz de no ser víctima de todas las desgracias femeninas, como, aparentemente, lo son bordar, enojarse, llorar, cocinar y cuidar niños, dice que se ha rendido y ha llegado aceptar esta condición "inferior" de la mujer costarricense (además de su condición de superior, claro).

Me parece que lo más machista de la entrada de Imme es el rechazo total a todo lo que es estereotípicamente femenino. En su mente el hombre y su condición son superiores y la única manera de que la mujer obtenga la igualdad es masculinizándose, asimilando las actitudes y prácticas del hombre.

No pretendo decir que la condición de la mujer es tradicionalmente igual que la del hombre. Lo que quiero decir es que las tareas que son tradicionalmente femeninas son tan importantes y dignificantes como las tareas que son tradicionalmente masculinas, y, como tales, deberían, tanto hombres como mujeres, practicarlas y sentirse orgullosos de hacerlo. En principio, no hay nada negativo, ni tampoco femenino, en cuidar niños, llorar o bordar.

El caso de la igualdad es muy complicado y creo que la solución al problema no es de clasificar ciertas prácticas tradicionalmente femeninas como repudiables y abogar porque la igualdad de sexos se obtendrá cuando la mujer renuncie a tales acciones, sino dignificar y desgenerizar toda acción profesional y social. Hay que comprender que el asistente es tan importante como el doctor, y la secretaria como la gerente - valorar todo trabajo por su importancia social y luchar en contra de estándares que digan que al hombre o la mujer le corresponden tales trabajos.

Lograremos la igualdad cuando podamos librar de percepciones jerárquicas, étnicas y sexuales las labores sociales y no, como estipula Imme, cuando todo grupo social tenga su ración de las labores "superiores" y "dignificantes".

Resumiendo

Woulauk basado en el uso de palabras.

sábado, 5 de julio de 2008

El Gran Impulso

¿Qué puedo hacer por mi país? En muchas mentes esta pregunta nunca llega a ser formulada ni su respuesta considerada. En mi caso el problema exige una enérgica y dedicada reflexión, ya que el recuerdo de Costa Rica y la realidad con la que me enfrento en cada retorno me traen grandes alegrías pero también avivan una melancolía latente.

Me resulta difícil explicar lo agradecido que estoy con mi país y su gente por el ambiente en que crecí y las totalmente inesperadas oportunidades que me ha dado. De alguna manera el entorno de mi niñez y adolescencia logró darme un interés por la educación y suficiente energía para perseguir este interés por el resto de mi vida. ¿Qué me distingue de mis muchos vecinos que no tuvieron estas oportunidades? Definitivamente no es que vengo de una familia rica, si el concepto de "clase media media con ocasional falta de dinero" es una categoría aceptada (aunque quizás para quienes me conocen esto requiera una explicación, la cual existe); de no ser por una educación colegial y universitaria gratuita, la historia sería muy distinta. Tampoco nací envuelto en una aristocracia intelectual; la mayoría de mi familia extendida (con pocas excepciones) no pasó de un primer título universitario. Tampoco es que mis padres me presionaron en ninguna manera en cuanto a la educación. Ellos nunca esperaron mucho de mi, y hubieran estado satisfechos con que yo terminara la universidad (y hasta menos).

La diferencia está en un (inexplicado) deseo de estallar fuera de la burbuja de ignorancia. Pero no es eso ningún mérito mio, sino algo que recogí en algún momento de mi vida en Costa Rica. Por lo tanto, no puedo dejar atrás a las personas, la cultura, y las instituciones que me formaron.

Entiéndase esta historia personal a modo de introducción. Cada quien tendrá una propia.

No obstante la lluvia de agradecimientos que tengo para Costa Rica, no es un sentimiento de deuda a mi país el que me lleva a escribir este comentario, sino un profundo deseo de superación. Es deber de cada uno de nosotros pensar en qué manera podemos contribuir. En mi caso comienzo por no olvidar a la Universidad de Costa Rica, que con todos sus defectos es lo mejor que tenemos. Para quienes estudiaron ahí es obvio que falta dinero, pero hay una pequeña cultura de estudiantes fuertes e interesados que tiene más valor que ese dinero ausente. Comienzo por no olvidarme de ellos. Por estas personas creo que vale la pena hacer un esfuerzo de mejorar la educación en la Universidad y mantener encendido el interés. Quizás de momento no puedo darles las oportunidades que he tenido yo, pero sí puedo avivar el deseo de aprender, que en casos puede más que las oportunidades.

Con este fin quiero proponer que iniciemos una serie de charlas en la Universidad, cuando sea conveniente y posible. Esto ayuda a los estudiantes a conocer más sobre qué pueden hacer con sus estudios, y tiene un gran efecto motivante en los profesores. Sin duda conocemos a personas que estarían dispuestas a darlas (nosotros incluidos) y la organización de tales eventos sería muy fácil. Esta es mi primera idea, y me gustaría intentarla como un experimento.

Quisiera además instar a todos a buscar la excelencia en su área de estudio, no sólo por la superación personal, sino para luego poder compartir su conocimiento de la mejor manera posible. Después de un proceso educativo bastante largo, creo que todos vamos adquiriendo algo que muchos costarricenses no tienen, que es la posibilidad de darle un gran impulso intelectual a su país. ¡Hagamos algo con eso!