El subcuartel del gluminati costarricense.

martes, 21 de febrero de 2012

El primer planeta habitable se debería llamar Jesús

Estamos muy cerca de uno de los logros más importantes en la historia de la humanidad: el descubrimiento del primer planeta habitable fuera del sistema solar.

Como es tradición en la astronomía, propongo que cuando descubramos tal planeta le demos el nombre de la criatura mitológica conocida como Jesús.

En poco tiempo, en la mente del público "Jesús" llegará a referirse a un objeto de verdadera relevancia y sentará la condición ficticia del personaje mitológico.

jueves, 12 de enero de 2012

Los honorables "marines"

Hoy salió a la luz un video que muestra soldados estadounidenses orinando sobre cadáveres de afganos. Dos de ellos ya han sido identificados (en inglés). Según la vocera de la Infantería de Marina: "... las acciones que muestra no son coherentes con nuestros valores y no son indicativas del carácter de los infantes de marina."

¿Es esto sorprendente? Los soldados son personas que han sido entrenadas para llevar acabo el mayor irrespeto posible, matar. ¿Por qué se les exige respeto para los cadáveres de personas a las cuales se les ha ordenado no respetar? Si pueden matarlos, por qué no pegarles una meada. ¡Ah, la hipocresía militar!

martes, 10 de enero de 2012

Institucionalizando el desarrollo

En una charla de TED (en inglés) el historiador escocés Niall Ferguson presenta cuáles son, en su opinión, las claves para el desarrollo. Aun cuando el enfoque de la presentación es una comparación entre las tradicionales potencias occidentales y las emergentes de Oriente, hay varios puntos que son sumamente relevantes para la realidad nacional.

Es fácil darse cuenta que si Ferguson está en lo correcto, estamos en una situación difícil. No importa que tanto trabajemos, ni cuanta inversión logremos. Mientras no haya instituciones y legislación en este país que promuevan el desarrollo, estamos destinados a la mediocridad.

Son clarísimos los problemas en legislación en casos como este. En Costa Rica hemos logrado institucionalizar la vagabundería en el sector público, con legislación enmascarada como "derechos del trabajador". Un ejemplo de esto son los constantes abusos del sistema de incapacidades. Pocos empleados públicos ganan más por trabajar mejor o corren el riesgo de ser despedidos por bajo rendimiento, su situación salarial depende más de la presión política que pueda hacer su respectivo sindicato que su desempeño laboral ¡Qué desgracia!

Está además el mal de males, la tramitología. No sólo síntoma de un inútil, ineficaz y excesivo sector público, sino además un problema que afecta casi todas las claves del desarrollo enumeradas por Ferguson. ¿No es el derecho de la propiedad violado cuando no se puede disponer de la tierra por meses, o años, debido a trabas burocráticas? ¿O no es la competencia afectada cuando empresas no pueden establecerse y negociar eficazmente debido a la innecesaria intervención gubernamental?

¿Somos subdesarrollados porque hemos sido mal gobernados? ¿Porque las leyes y las instituciones han sido establecidas de tal manera que no motivan al desarrollo? Esto es lo que sugiere Ferguson. Si es así, es necesario un cambio de fondo en el Gobierno, un cambio radical, talvez revolucionario, de la estructura y mentalidad gubernamental.

domingo, 20 de junio de 2010

La religión de la verdad

Será por la tradición judeo-cristiana en Occidente que se ha llegado a adorar a la verdad, hasta el punto que, aún en discusiones seculares, se percibe un respeto a esta como si fuese una grandiosa ente metafísica.

La verdad es tan sólo una palabra cuyo abuso ha trascendido la realidad y ha tomado un tinte mágico. A Jesucristo se le atribuye uno de los peores usos conocidos de esta. En una de sus frases más célebres, la cual es, además, uno de los versos más intolerantes jamás escritos en un texto religioso, dice: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí." (Juan 14:6)

No pretendo entender el uso de "verdad" en esta frase porque es ininteligible. No estoy seguro si querrá decir que los relatos bíblicos de Jesucristo son ciertos o si rezar es la mejor estrategia para pasar un examen, ambas interpretaciones, de todas maneras, son falsas. Lo que sí sé es que tal explotación del lenguaje lleva a que se considere la verdad como un valor cristiano.

Y así, como muchos otros valores han encontrado lugar en una visión secular y moderna del mundo que aún mantiene implícitamente un inexplicable absolutismo ético, encontramos a la verdad sobre un altar, considerada el propósito de la vida humana a tal punto que se desprecia la felicidad en ignorancia.

En el mayor sentido de la palabra, la verdad no sólo nos lleva al conocimiento de lo empíricamente cierto sino que, además, es la distinción entre el bien y el mal. Es esta inclusión de variados conceptos lo que lleva a la confusión: una única palabra, con diferentes definiciones, es fundamental para discusiones tanto epistemológicas como éticas. Me pregunto cuánto influye esto en las debates sobre el rol que juega la ciencia en la ética, un tema de histórica importancia que se sigue debatiendo en el presente.

Aún más interesante es el debate innecesario y las frustraciones de artistas y humanistas cuando asevero que la ciencia nos lleva a la verdad. Por supuesto que simplemente quiero decir que la ciencia nos ayuda a interrelacionar nuestras percepciones sensoriales bajo un modelo deductivo que nos permite hacer afirmaciones sobre estas que son temporalmente independientes, o sea predicciones. Desgraciadamente siempre asumen que estoy hablando de algo más grande, de un concepto más transcendente que dignifica a la ciencia y la corona sobre todas las demás disciplinas. Entonces con recelo me dicen que me refiero a una verdad muy particular. Así es pero, qué otra definición clara y sin ambigüedad existe para la verdad si no es esa. Nuevamente, me pregunto qué tan responsable del desprecio del posmodernismo hacia la ciencia es esta confusión sobre una simple palabra.

Finalmente, noto que en discusiones enteramente epistemológicas existen ciertas propuestas de suma importancia histórica que tal vez no lo hubiesen sido si no se hubiera abusado de la verdad. Tómese por ejemplo el genio maligno de Descartes. El filósofo se ve obligado a justificar la existencia de entes metafísicas, permanentes y trascendentes que dan origen a nuestras percepciones. Descartes ve la necesidad de incluir una realidad mayor, claramente influenciado por la presuposición católica de una verdad más allá de nuestros sentidos.

En fin, temo que no existe en la mente individual, y mucho menos en la mente colectiva, una definición coherente de la verdad. Le atribuimos a la palabra definiciones muy distintas y conflictivas, además de que ella misma viene ya cargada de prejuicios religiosos que la convierten en un calificativo de superioridad. Podríamos redefinir la palabra o simplemente deshacernos de ella.

lunes, 5 de abril de 2010

La cruzada de Irene Rodríguez

Yo siempre he sido crítico de la ignorancia científica de La Nación. De buena voluntad les envió correcciones y comentarios a sus artículos de física y he presentado en este blog los fallos editoriales con respecto a ciertos temas que involucran a la ciencia. O sea, tengo que ser el único que se queja por algo más que su aparente preferencia por Laura Chinchilla (algo que, en realidad, yo no noto).

Pues ahora me ha molestado la publicación el domingo (léase de "resurrección") dos artículos (uno de ellos correspondiendo a un estudio del 2008!) por parte de Irene Rodríguez:


Esto no es más que propaganda religiosa, especialmente cuando esta semana abundan en la red artículos científicos un poco más interesantes, incluyendo uno que menciona estudios que muestran que las experiencias "religiosas" cercanas a la muerte pueden ser reproducidas con ketamina.

Supongo que a Irene y a los editores de La Nación les parece una buena idea dar tales increíbles noticias a todos aquellos que celebraron "apropiadamente" el domingo de resurrección. ¿Es esto realmente necesario?

Algo que no se enfatiza en los artículos es que todos estos efectos de la fe son simplemente sicológicos. Estudios doble ciegos han comprobado una y otra vez la inutilidad del rezo. Como está escrito el artículo, no me sorprendería que algún ignorante vaya a concluir: "Al que reza Dios le ayuda." Por el contrario, esto es simplemente evidencia de que el auto-engaño es una buena estrategia contra la depresión, lo cual no es sorprendente.

Si La Nación quiere promover la religión esta Semana Santa, sugiero que publiquen un iluminado artículo explicándonos a todos por qué es la voluntad de Jesucristo que haya más muertes violentas precisamente la semana en la que se celebra su vida eterna. ¿Será acaso por morbo?

Esta actitud por parte de uno de los periódicos más importantes del país es preocupante, especialmente cuando está apunto de llegar al poder una mujer que podría ser peligrosamente motivada por sus supersticiones a promover legislación que atenta contra las libertades y derechos de muchos costarricenses, haciendo necesario, más que nunca, una crítica racionalista a las acciones gubernamentales.

¿Por respeto a quién?

Una de las leyes más avergonzantes de Costa Rica es la Ley Seca. Esta regía durante los días de los comicios electorales y durante el jueves y viernes santos, aunque a principio de este año fue reducida simplemente a los dos últimos.

La prohibición del licor el día de las elecciones al menos podía ser justificado argumentando que este facilita disturbios y el rompimiento del orden social -- aún cuando en este país hay más de un animal que sólo necesita una mínima excusa para jugar de "revolucionario". Además, puede prevenir que alguien vote borracho -- aunque algunos sólo borrachos iríamos a votar.

Sin embargo, ¿cuál es el propósito de prohibir la venta del licor los jueves y viernes santos?
Los católicos, y cristianos en general, tienen todo el derecho de respetar sus supersticiones, y si esto implica no tomar licor, pues que no tomen. Pero ellos no deberían poder irrespetar mis derechos, prohibiéndome disfrutar de un trago simplemente porque va contra sus creencias. Para mí, que me importa la muerte de Jesucristo tanto como la de Chespirito o Sandro, el jueves y viernes santos son días comunes que, afortunadamente, me los han dado libres y, por consiguiente, son ideales para muchos tragos.

¿Ley Seca por respeto?, qué tal por envidia. Envidia del cristiano hacia mí, gluminado, porque no tengo que practicar penitencia, porque yo, libre de mitos y leyendas, puedo alcoholizarme y divertirme sin el temor a la maldición eterna.

sábado, 4 de octubre de 2008

Religulous, por Bill Maher

Después de varios meses de espera ayer finalmente vi Religulous en su día de estreno.

Mi primera reacción después de ver la película incluyó un poco de decepción. No fue absurdamente graciosa y el mensaje, aunque claro, no fue perfectamente argumentado. Cualquier ateo que vea la película corre el riesgo de tener una reacción similar. Todos hemos escuchado los argumentos en contra de la religión y la existencia de dios presentados por académicos e intelectuales contemporáneos de mayor pericia como Krauss, Dawkins, Carrol y Tyson.

Aún así, luego de pensar en la reacción que podría producir esta película en la población en general, me di cuenta de que posible y afortunadamente no somos nosotros, los naturalistas, a quienes está dirigido este largometraje. Así, me parece que esta película es ideal para personas menos exigentes en el plano argumentativo, que no sean perdidamente religiosas y que nunca hayan sido expuestas a los argumentos básicos en contra del misticismo y la fantasía, además de todo aquel que, aunque no sea necesariamente religioso, ve la religión como algo bueno y la fe como una virtud.

La mayor parte de la película se basa principalmente en Bill Maher viajando por el mundo, entrevistando y haciendo burla de creyentes. Habla con gente pobre, rica, judíos, musulmanes, católicos, protestantes, de diferentes etnias y culturas y, aunque no los presenta como villanos, respetando su humanidad, sí los presenta como víctimas de su ignorancia. Muestra las contradicciones en las que viven, su fanatismo, su hipocrecía y su demencia.

Al final de la película para la risa. Bill Maher da un sermón y, aún cuando a muchos les parezca ofensivo e imponente, me parece muy adecuado. El peligro de la religión no es un juego - la falta de pensamiento crítico y la superstición son posiblemente las mayores amenazas que enfrenta la sociedad moderna y, por eso, el tema no debe ser tratado ligeramente.

Las imágenes apocalípticas, superimpuestas con el fanatismo, mostradas lado a lado con la creencia de los judíos, cristianos y musulmanes de que el gran fin se avecina, pone en perspectiva la seriedad del problema.

El mensaje: nuestar supervivencia depende de nuestra capacidad de combatir el odio y la irracionalidad engendrados por la religión.

Enhorabuena.