Yo no sólo no soy espiritual, sino que además tengo un miedo inexplicable de que piensen que lo soy. Hace unos días me llamó una reportera de La Nación que está trabajando en un perfil mío para la revista Dominical y me hizo una serie de preguntas un poco íntimas acerca mi visión del mundo. Le respondí justamente lo que pensaba y no puedo evitar sentir que decepcioné. Cuando la gente se entera que uno es un científico relativamente exitoso, y trabaja en temas un poco distantes a la vida cotidiana, por alguna razón asumen que uno ha resuelto su vida. Después de todo: ¿por qué físico y no carnicero?
Desgraciadamente no puedo responder con una frase toda cursi, decir que tengo un llamado del más allá para querer entender el origen del Universo o, en términos más naturales, que mi subconsciente esta atraído apasionadamente a las preguntas más fundamentales. Incluso nunca he tenido una experiencia Saganiana de ver a las estrellas y sentir una profunda conexión con el Universo. Tampoco diría algo tan ambicioso y poco realista como que deseo entenderlo todo. De hecho, si los físicos hemos cometido un error de la manera que presentamos nuestro campo al público es decir que la física es capaz de explicarlo todo bajo una gran teoría unificada. Es cierto que es absolutamente fascinante que podemos comprender nuestros alrededores. Me refiero precisamente a nuestra capacidad de generar modelos y teorías basadas en entidades externas (específicamente partículas) para poder predecir una infinidad de eventos observables. Pero ir de esto a decir que el éxito de la ciencia implica que es capaz de explicar todo fenómeno bajo una teoría unificada es una afirmación espiritual porque ubica al hombre en un plano poco natural y altamente especial. Es evidente que el nivel de nuestra comprensión de los procesos naturales no es accesible para ninguna otra especie en este planeta (ej. por más que uno intente enseñarle cálculo a un chimpancé, jamás aprenderá), pero no somos más que el más inteligente de los primates: podremos entender más que los otros, pero no veo razón de por qué seríamos capaces de entenderlo todo.
Le admití que no veo particularmente la razón de por qué soy físico, me imagino mi vida en mil circunstancias distintas donde terminaba como químico, biólogo o filósofo (jamás matemático), eso si es que la vida es tan generosa de permitir que uno se eduque. Esto no quiere decir que los problemas con los que trabaje no sean fascinantes, pero no voy a decir que son más interesantes que mil preguntas más que puedo formular. La respuesta entonces termina siendo aburrida: soy físico por las mismas razones que ella es reportera. Simplemente las circunstancias se prestaron para practicar algo que me gustaba, y una cosa llevó a la otra y terminé donde estoy. Como estoy contento con lo que hago, sigo practicándolo. No muy interesante, pero así es la vida, cualquier justificación más allá de eso es espiritual y una ilusión.
Así, nuevamente, alguien viene a mí esperando una visión de mundo más inspiradora que las demás y no recibe más que cruel realismo. Mejor que le pregunten al carnicero.
El subcuartel del gluminati costarricense.
domingo, 2 de noviembre de 2014
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